octubre 22, 2021

La rosa está cansada ya de que hablen de ella.

¿Cuántos pétalos le habrá quitado la literatura?

¿Cuánto la han marchitado los filósofos que la usan para dolerse de lo frágil y breve que es la vida?

Por eso yo no digo nada acerca de la rosa que hace días llegó a mi jardín y tomó posesión de él.

La miro desde la ventana de mi estudio, pero no demasiado fijamente, para no molestarla. No es una rosa de color de rosa.

Tampoco es purpurina, como parece ser obligación de las rosas.

Es de un leve color amarillo, un amarillo silencioso que ni siquiera alcanza la palidez que han de tener las flores para salir en verso de poeta.

Espero que esta rosa no se entere de que estoy escribiendo acerca de ella. Seguramente no le agradaría.

Sentí incluso la tentación de bajar la cortina antes de empezar a escribir esto, para que no me viera.

Escribiré de la rosa cuando se haya ido.

Las rosas son más bellas cuando se van.

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