Daniel Ulibarri

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Es fundamental trabajar para que las redes sociales sean espacios seguros donde podamos alzar la voz en contra de tantos discursos de odio y violencia de género.

 

La violencia de género es intolerable, al igual que la agresiva discriminación hacia personas LGBTQIA o de razas y creencias que históricamente hemos sido blanco fácil para el ridículo y amenazas.

Su existencia fomenta el temor, restringe la libertad y ocasiona estragos en la salud mental de las víctimas y sus familias.

Es un lastre para la sociedad así como para el desarrollo económico, los negocios y la innovación.

Sabemos que la agresión contra la mujer se refleja en nuestras plataformas y trabajamos para prevenirla y combatirla.

Yo he tenido que, al igual que tantas personas, hacer denuncias sobre lamentables ataques de género perpetrados en los espacios virtuales. Son recordatorios dolorosos de la importancia de seguir enfocándonos en generar entornos más seguros para ellas.

 

 

Tenemos un compromiso con esta lucha y queremos hacer aún más para combatir este problema.

Sabemos que la tarea de comprender los diferentes tipos de abusos, anticipar y responder oportunamente para removerlos de plataformas requiere un constante entendimiento sobre cómo evolucionan los ataques.

Las compañías que se enriquecen con comunidades de miles de millones de usuarios podrían, se me ocurre, implementar políticas más precisas que prevengan abusos que impactan desproporcionadamente a las mujeres cis y trans, tales como el lenguaje que incita al odio, el acoso y la intimidación, así como el “revenge porn”: la difusión de imágenes íntimas sin consentimiento.

El bullying y acoso, por otra parte, es un área compleja y desafiante, porque este tipo de abuso se manifiesta de diferentes maneras, lo que dificulta su mitigación a gran escala.

Por ejemplo, una publicación en la que una mujer saluda a una amiga llamándola “zorra” no es igual que si lo hace con una extraña. Es en esas instancias en que el contexto y los matices culturales son clave.

 

 

Lo que sucede en las redes sociales es un espejo del pensamiento colectivo e individual, de lo bueno, lo malo y lo feo.

Invertir recursos y usar la tecnología parece el paso más obvio y eficiente para combatir la violencia y unir a las personas que son parte de la solución, incluyendo las voces de denuncia, los periodistas, los medios, las organizaciones, las autoridades, la sociedad civil y desde luego las plataformas.

Podremos estar aprendiendo, pero no podemos ser actores pasivos, podemos y tenemos que continuar trabajando para combatir la violencia de género, los vilipendios hacia las minorías y eliminar discursos de odio que han provocado consecuencias temerarias.

Para hoy ya parece tarde.

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