septiembre 21, 2021

Crónica del masturbador solitario

El final de la aventura es siempre la muerte.

Ella es mi taller. Ojo resbaladizo

fuera de la tribu de mí mismo, mi aliento

encuentra que te has ido. Yo horrorizo

a los que están de pie. ¡Arre, Plata, adelante!

Por la noche, solo, me caso en la cama.

Dedo a dedo, ahora ella es mía.

Ella no está demasiado lejos.

Ella es mi encuentro.

La golpeé como una campana. Me reclino

en la glorieta donde solías montarla.

Me prestaste en la extensión de flores.

Por la noche, solo, me caso en la cama.

Hablo, por ejemplo, de esta noche, mi amor,

que cada pareja junta

con un vuelco articular, debajo, arriba,

los dos abundantes en esponja y pluma,

arrodillándose y empujando, cabeza a cabeza.

Solo de noche, me caso en la cama.

Salgo de mi cuerpo de esta manera

un milagro molesto. Podría

poner en exhibición el mercado de los sueños?

Estoy esparcido. Yo crucifico.

Mi erección es más húmeda de lo que pensaba.

Por la noche, solo, me caso en la cama.

Entonces llega mi rival de ojos verdes.

La dama del agua, levantándose en la playa,

un piano al alcance de la mano, vergüenza

en sus labios y el discurso de una flauta.

Y yo era la escoba que golpeaba las rodillas.

Por la noche, solo, me caso en la cama.

Ella te toma como toma una mujer

un vestido de trapo del estante

y me rompe como se rompe una piedra.

Te devuelvo tus libros y tu equipo de pesca.

El periódico de hoy dice que estás casado.

Por la noche, solo, me caso en la cama.

Los chicos y las chicas son uno esta noche.

Desabotonan blusas. Descomprimen moscas.

Se quitan los zapatos. Apagan la luz.

Las criaturas resplandecientes están llenas de mentiras.

Se están comiendo unos a otros. Están sobrealimentados.

Por la noche, solo, me caso en la cama.

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