septiembre 27, 2020

Crisis en tiempos de virus

40623762_1914745948601253_4483646227220529152_n

Del coronavirus se ha hablado plenamente. Me limito a escribir que la prudencia, y quizás la exageración, en esta etapa vienen al caso.

El tema redunda en cuidarnos nosotros, ser solidarios y responsables. Evitar la progresión geométrica es clave para no romper con la precaria capacidad instalada en el País.

Por el lado de la economía, se está configurando un tsunami. Habrá un desplome con consecuencias severas donde el PIB costarricense caerá cerca del 5%, cerrarán (o se encogerán) empresas de todos tamaños, en particular en algunas industrias, lo que llevará a despidos masivos.

Las cadenas globales, regionales y locales de valor, se están rompiendo y los efectos serán como en carambola. Habrá deudas que no podrán pagarse, planes que no podrán concretarse y sueños que habrán de replantearse.

Las acciones de empresas ticas han caído estrepitosamente, sobretodo si se calcula su capitalización de mercado en dólares.

En algunos casos, no se puede descartar que inversionistas extranjeros compren a estos risibles precios y se sienten en el Consejo de Administración como nuevos dueños. Cash is King.

Del Gobierno se espera poco. Es evidente la falta de liderazgo lúcido, frontal y patriótico, como lo amerita la crisis actual.

La bomba del coronavirus ya explotó y todavía no se alcanza a completar el primer ciclo. La bomba económica se está gestando y sus manifestaciones empezarán a agudizarse en los próximos meses.

El encierro pudiera ser la tercer bomba. Si el ocio es la madre de todos los vicios, el encierro es la madre del ocio.

El delicado balance afectivo, íntimo y social de una pareja y familia en general, está en riesgo; sobretodo donde los lazos son débiles o frágiles. Algunos saldrán fortalecidos, otros debilitados.

Es que la forma en que estructurábamos el tiempo, nuestras rutinas y rituales, han sido drásticamente afectados.

Somos luz y sombra. Tenemos virtudes y defectos, ideales nobles e ideales egoístas.

La forma en que manejamos la intimidad y estructuramos el tiempo son torales para el bienestar personal. Si libramos el reto personal, contribuimos al bienestar de la familia y de la sociedad. Es un efecto multiplicador que impacta eventualmente en el colectivo.

Si uno está bien y se mantiene bien, podrá sortear las vicisitudes del virus y la crisis económica que está en puerta. Si uno no está bien, cualquier viento en contra nos tumbará y nos llevaremos de encuentro a los que están cerca.

Entonces: a cuidar nuestra estabilidad física, mental y emocional. La auto-disciplina, la paz y la fuerza personal, son retos de toda la vida y sobretodo del día con día.

La disciplina nos mantendrá en curso. Como decían los romanos: “vence el que se vence”.

Dejá un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: