octubre 17, 2021
El hombre, el egoísta atroz,
imagina, por algún giro mental,
que solo él es sensible a la carga
intolerable que sobre todos
los seres vivientes yace.
Ni se rebaja a compadecerse
del sapo y la tristeza muda de sus ojos.
No le hace preguntas a la serpiente,
ni sondea la penumbra fosforescente
donde los peces sin párpados,
nadan despiertos mirando la pesadilla.

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