septiembre 30, 2020

Esta labor se llama Coyote.

Su nombre viene de las guaridas que por ahí cerca, en el repecho de la loma, tienen esos astutos animales.

En el tiempo en que las hembras paren oigo los gañidos de los recién nacidos, y en las noches de plenilunio los perros del caserío ladran al escuchar los aullidos que del Coyote vienen.

Los vecinos del rancho cuentan cosas acerca del coyote.

Dicen que es más listo que el más listo de los perros.

Le atribuyen poderes mágicos: un hueso de coyote sirve para que cierre la más abierta llaga.

Una conseja afirma que el coyote se pone a dar vueltas y vueltas en torno de la palma hasta que ésta empieza a soltarle sus sabrosos dátiles.

Coyote tiene mi admiración, pero no mi simpatía.

Me parece demasiado astuto para alguien de tan pocas entendederas como yo.

No lo molesto, pero estoy atento a oír el aviso de los perros cuando el coyote se acerca demasiado al gallinero.

A medio camino entre el perro y el lobo va el coyote buscando la vida.

En Coyote oigo a sus crías, y pienso que la vida va a seguir.

La eterna vida.

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