Daniel Ulibarri

Coso

 

Me siento y coso, una tarea que parece inútil, mis manos se cansaron, mi cabeza se llenó de sueños.

 

Un reguero de la guerra, la marcha marcial de los hombres, rostros sombríos, ojos severos mirando más allá de lo que conocen.

 

De las almas menores, cuyos ojos no han visto la muerte, ni aprendieron a sostener sus vidas más que como un soplo.

 

Pero… debo sentarme y coser.

 

Me siento y coso—mi corazón duele de deseo— ese desfile terrible, fuego vertiendo ferozmente en campos baldíos y cosas grotescas que se retuercen.

 

Una vez hombre.

 

Mi alma se arroja en penas apelando gritos, anhelando solo ir allí, a ese holocausto del infierno, esos campos de aflicción.

 

Pero… debo sentarme y coser.

 

La pequeña costura inútil, el remiendo ocioso…

 

¿Por qué sueño yo aquí bajo mi hogareño techo de paja?

 

Cuando allí yacen en el barro empapado y la lluvia,¿llamándome lastimosamente, los rápidos y los muertos?

 

¡Me necesita, Cristo!

 

No es un sueño rosado eso que me atrae, esta costura bastante fútil.

 

Me sofoca Dios, ¿y debo sentarme y coser?

 

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