La media luna en creciente, me dice don Efrén, es como una jicarita con agua. Si está inclinada, el agua se derramará. Eso quiere decir que va a llover.

Miré la luna aquella noche campesina, y tenía una leve inclinación. Pocos días después llovió en el Potrero luego de varios meses de sequía.

La jícara lunar había dejado caer su don sagrado sobre los campos yermos. Ahora brota la yerba como una acción de gracias.

El corazón del hombre está inclinado también, como la luna. Debería volcar su amor entonces. Así verdecerían los secanos de la soledad, la propia y la del prójimo.

Quiero tener un corazón lunar. Cuando venga la oscuridad pondrá en la sombra un resplandor, y cuando llegue la desolación pondrá en el páramo un verdor esperanzado.

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