octubre 26, 2021

Conversaciones con la muerte

Una mujer cuando yo era pequeño,

la muerte creció a mi lado,

siempre más alta, pero siempre confundida

como casi nunca lo ha estado.

La confusión, como el corazón,

se queda atrás temprano para un niño,

con sus brazos desnudos viene bailando.

Baja por las escaleras de incendios

para tomar su mano.

Muerte“, dije, si tus ojos fueran verdes

me los comería… Porque, ¿qué son los días

sino el horno de un ojo?

Desnudar un girasol hasta su alma desnuda,

se reconstruiría verde por dentro

del verde, rodeado de verde.

Ya no habría más que flores nuevas…

Navidad absoluta.

Muerte“, dije,

conozco a alguien, una mujer,

que hundió sus dientes en la luna 

porque ¿qué son el espacio y el tiempo

sino inventos de hombres afligidos?.

El alma va más rápido que la luz al

comerse la luna viva, deja atrás el espacio y el tiempo.

El alma es perdón porque conoce el perdón.

Y el conocimiento es un torbellino…

Mi alma es mi hogar, una vieja estrella

acosada por la vieja luz de las estrellas.

Pienso en los suicidios, todos prosperando…

muchos de ellos pintan bellos cuadros.

Pienso en chicos y chicas asesinados,

en su primera belleza, ahora con hijos propios.

Y tengo una iglesia en mi mente, incendiada cruelmente,

y luego la explosión de almas felices en el aire verdoso

y helado de nochebuena: otra buena navidad, un coro blanco.

Uno al lado del otro todavía, mi Muerte y yo

somos una parejas de ermitaños mágicos.

Querido lector, tus ojos ahora son verdes:

verdes como solían ser, antes de que vos nacieras.

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