septiembre 22, 2020

Los estragos del Covid en la mente

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Entre el número creciente de casos de Covid-19, las preguntas sobre la reapertura de las economías y las empresas, las protestas en curso tras el asesinato de George Floyd y las consecuencias económicas de la pandemia, no sabemos qué vendrá después. Y eso está afectando nuestra salud mental.

A medida que navegamos por varias transiciones en los próximos meses y años, es inevitable no sentir depresión, agotamiento, trauma y trastorno de estrés postraumático. Esas experiencias de salud mental diferirán según la raza, la oportunidad económica, el estado de ciudadanía, el tipo de trabajo, las responsabilidades de crianza y cuidado de los hijos y muchas otras variables.

Tanta incertidumbre ha generado una ansiedad extrema y colectiva que hoy todos sufrimos. Unos más y otros menos, pero nadie se salva del Cerebro Covid, una crisis con una tasa de contagio del 100%. Y no hay inmunidad de manada.

«La mezcla de capacidades analíticas disminuidas e hipersensibilidad a lo externo crean el Cerebro Covid, un estado frágil que nos mantiene alterados y desenfocados«.

La profesora de INSEAD Hilke Plassmann describe así a este mal asociado a la pandemia. Y es que operamos muy distinto con niveles tan altos de estrés e incertidumbre.

 

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«El cerebro busca experiencias pasadas comparables para saber cómo reaccionar. Y como no las encuentra, voltea a ver hacia afuera, donde se enfrenta a señales ambiguas«, explica.

¿Qué hacer? Primero, Plassmann recomienda repensar el estrés.

«Cuando es atacada por un león, una cebra experimenta estrés brevemente, aunque con consecuencias mortales. 3 minutos de terror y después, o el animal está muerto o pasea de nuevo tranquilamente«, explica el neuroendocrinólogo Robert Sapolsky.

Y es que el estrés es una respuesta biológica ante el peligro. Es el mecanismo de defensa más primario que existe.

«El estrés anticipa dificultades: más adrenalina y cortisol para estar más atentos y enfocados, para responder mejor«, señala Heidi Grant, profesora de Columbia.

El problema es que mientras que las cebras apagan este sistema, nosotros lo dejamos prendido.

«Los humanos no apagan el switch. Lo mantienen prendido por razones psicológicas«, señala Sapolsky en el gran documental «Retrato de un asesino«.

Excelente: repensar el estrés.

Se escribe fácil, pero hacerlo está complicado. Pregunta obvia, entonces: ¿cómo lograrlo?

Quizá ayuden algunos de los tips de la doctora Margarita Tartakovsky, del sitio PsychCentral.

Descubrir su origen, enfocarse en lo que se puede controlar, hacer cosas que generen gozo, administrar bien el tiempo, crear una caja de herramientas para desestresarse, quitar cosas de nuestra lista de actividades, cambiar patrones de descanso y mantener límites claros (no decir que sí a todo o todos, administrar mejor el tiempo).

El segundo consejo de Plassmann es meditar. Practicar «mindfulness«.

«Mindfulness es estar completamente presente, consciente de uno mismo y otras personas y de cómo se reacciona ante el estrés«, señala Bill George, alto directivo de varios gigantes estadounidenses.

De acuerdo con el también catedrático de Harvard, la causa más común de que líderes fallen es la falta de consciencia personal e inteligencia emocional.

Las técnicas para el «Mindfulness» se basan en el budismo, no en algo esotérico con velas e incienso. No.

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Sus beneficios están comprobados y se aplican en grandes empresas como Google, por ejemplo.

«Dentro de cientos de clases gratuitas para empleados de Google, una de las más populares es Buscando Dentro de Ti«, señala un reportaje del New York Times.

Excelente, pero, ¿cómo practicar mindfulness? Según la consultora María González (tomado del HBR), se empieza realizando micromeditaciones diarias por 1 a 3 minutos a la vez.

Van así: noten su respiración y cómo la realizan (profunda, ligera, corta, larga, etc.), respiren hacia el estómago sin presionarlo, si se distraen regresen a la respiración. Notarán que se calman poco a poco, notarán que su enfoque aumentará… ¡muy interesante!

Ojalá les sirvan, personalmente a mí ninguno de los consejos me funcionó.

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