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noviembre 26, 2020

¿Esas danzas que desaceleran la mente de los hombres?

¿Esas sonatas que hacen pensar?

Aprendí de joven que el universo no sabe tararear.

La gran rueda gira su eje cuando puede perder o ganar.

Y ahí está.

Un loco enjaulado rara vez piensa más allá.

Un loco suelto desata la salsa para poder menear…

por estas calles rara vez logramos despertar.

¡Mis ojos se abren con el balanceo de su bailar!

El recuerdo del rey, las migajas del animal.

Intenté arrojar mi sombra a la luna.

Mientras tanto, mi sangre saltaba con una canción instrumental.

Por eso tomo esta cadencia anónima.

Me muevo descalzo de lado a lado,

mientras queman llamas en el asfalto.

Nuestros últimos días los ha visto entre grietas y baches.

Sabe que fuimos polvo y seremos libres.

No nacimos para ser cemento,

¡sino para mover el esqueleto!

Le subo al radio. Doy otra vuelta.

Me devuelvo, me muevo…

Con lágrimas y melodías de fantasías no vividas.

Cumpliré la promesa que le hice a mis oídos:

No me iré de aquí hasta pegar enormes gritos.

Valiente.

Con ritmo.

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