Daniel Ulibarri

Como anillo al dedo

A oscuras, yacentes en el mismo lecho,
somos brasas despiertas
que vigilan el pulso de sus lumbres.
Me animo y aventuro mi mano por su cuerpo:
voy encontrando laderas y llanuras, asomo de pezones
y un par de lomas redondas que un precipicio aparta
haciendo entre los dos una cañada.
A tientas en su fondo palpo
un inasible vello casi sueño…
Parece que ando cerca de las puertas del cielo.
El merodeo prosigue y después de subidas y bajadas,
bajadas y subidas, doy con algo inédito y matrero.
¡Hallazgo afortunado que al fin me queda como anillo al dedo!

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