septiembre 21, 2021

A oscuras, yacientes
en el mismo lecho,
somos brasas despiertas
que vigilan
el pulso de sus lumbres.

Me animo y aventuro
mi mano por su cuerpo:
voy encontrando
laderas y llanuras,
asomo de pezones
y un par
de lomas redondas
que un precipicio
aparta
haciendo entre los dos
una cañada.

A tientas
en su fondo palpo
un inasible vello
casi sueño…
Parece
que ando cerca
de las puertas del cielo.
El merodeo prosigue
y después
de subidas y bajadas,
bajadas y subidas,
doy con algo
inédito y matrero.
—¡Hallazgo afortunado
que al fin me queda
como anillo al dedo!

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