Daniel Ulibarri

Colmillo

La noche come color.

Los ramos de flores pierden sus adornos falsos.

El día cae en las hojas como un pez brillante y lucha, como el barro humilde.

Los sueños y los árboles sin forma se nutren fuera de la desesperación arrugada y ridícula.

El espacio que fue cortado hace cosquillas a las malas hierbas allí por sus pies.

Mis dedos manchados con alquitrán de cigarrillos acarician la oscuridad que se retuerce.

Y entonces avanzo…

Sobresaliendo, rebelándome contra los labios, mi colmillo largo, puntiagudo y malogrado es evidente.

A pesar de mis torpes intentos por ocultarlo, he decidido exponerlo en nombre de miradas robadas.

En rostros sonrojados, atravieso almas eternas y lo empujo profundamente en la base de hermosos cuellos audaces.

Muerdo el labio inferior, sonrojando las calles con hechizos sexuales.

Con dientes en perfecta alineación, la odontología y sus milagros, vuelve mi rostro diabólico y hermoso.

Entrecerrando sus ojos, robo miradas inocentes que ruegan por mi descaro e indecencia eterna.

Dejá un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: