octubre 20, 2020

La chica de los sueños del tambor

En una isla de música, en una ciudad de tambores, la chica de los sueños del tambor soñaba con golpear altos tambores de conga, tocando pequeños tambores de bongo y con el boom boom boom de palos largos y ruidosos en grandes timbales: redondos, plateados y brillantes como la luna.

Pero todos en la isla de la música, en la ciudad de los tambores, creían que solo los chicos debíamos tocar la batería, así que la chica de los sueños del tambor tuvo que seguir soñando con el tranquilo secreto toque del timbal.

En cafés al aire libre que parecían jardines ella escuchaba tambores tocados por hombres, pero cuando cerraba los ojos ella también podía oír su propia música.

Cuando caminaba bajo palmeras onduladas por el viento, en el parque lleno de flores, escuchaba el zumbido de las alas de un loro, el chasquido de los picos del pájaro carpintero, el claqué que baila a su propio ritmo y la reconfortante palmadita del latido de su corazón.

En los carnavales escuchaba el ritmo del traqueteo de imponentes bailarines sobre pilotes y el sonido de bateristas disfrazados de dragones, con máscaras enormes.

En casa, las yemas de sus dedos lanzaban su propio ritmo de tambor de ensueño en mesas y sillas…

Aunque todos seguían recordándole que las chicas en la isla de la música nunca habían tocado la batería, la valiente chica de los sueños del tambor se atrevió a tocar tambores de conga, altos y pequeños tambores de bongo y timbales grandes, redondos, plateados y brillantes como la luna.

Sus manos parecían volar mientras se ondulaban golpeando todos los ritmos de sus sueños de tambor y sus hermanas mayores estaban tan emocionadas que la invitaron a unirse a su nueva banda de baile de chicas, pero su padre insistió que solo los chicos deberíamos tocar la batería.

Entonces la chica de los sueños del tambor tuvo que seguir soñando, hasta que finalmente su padre ofreció encontrarle un profesor de música quien podría decidir si su batería merecía ser escuchada.

El profesor estaba asombrado con la chica del sueño del tambor.

¡La niña sabía tanto!

Y ella practicó y ella practicó y ella practicó, hasta que el maestro estuvo de acuerdo:

Ella estaba lista para tocar su pequeño bongo al aire libre en un café iluminado por las estrellas, uno que parecía un jardín donde todos los que escucharon su música brillante de ensueño cantaron y bailaron; y entonces se decretó…

Las chicas siempre deben tener permitido tocar los tambores y tanto chicas como chicos deberían sentirse libres de soñar…

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