octubre 29, 2020

De noche, cuando todos duermen, entra en la casa una canción.

Nadie la ha oído nunca, nadie, pero lo sé porque eso dice la leyenda, y las leyendas nunca mienten.

Esa canción es más hermosa que un lied de Schubert o un aria de Mozart.

El mundo entero calla para oírla.

Todos los seres y las cosas la pueden escuchar, menos los hombres.

Hay quienes aseguran que esa canción la canta la Virgen María.

Nadie más podría cantar una canción tan bella.

Ninguna otra voz tendría derecho a entonarla.

Es una pena que la canción entre en la casa y nadie la oiga.

¿Cómo es posible que alcancemos a oír la levedad del grillo, la monotonía de la rana, y no podamos escuchar ese canto hecho de cielo?

Un consuelo tenemos.

La leyenda dice también que todos oiremos la canción en el momento de la muerte.

Acunados en ella pasaremos sin darnos cuenta de esta vida a la otra.

Cuando sintamos el sueño de la muerte ese canto nos arrullará igual que la madre arrulla a su hijo para que se duerma.

No tengamos, entonces, miedo de la muerte.

Sería con temerle a una bella canción.

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