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Daniel Ulibarri

Canción de la mañana

El amor te dio marcha

como un gordo reloj de oro.

La comadre te dio

una palmada en las suelas

y tu llanto calvo

ocupó su lugar

entre los elementos.

Nuestras voces resuenan

magnificando tu llegada.

Nueva estatua.

En un museo con

corrientes de aire,

tu desnudez sombra

nuestra seguridad.

Nos quedamos

sin comprender

pintados como las paredes.

Ya no está tu madre

Que la nube que destila en

un espejo refleja su plenitud

en la mano del viento…

Toda la noche

tu aliento de polilla

Parpadea entre

las planas rosas rosadas.

Me despierto para escuchar:

Un mar lejano

se asoma en mi oído.

Un grito, y el tropiezo de la cama,

pesado como una vaca y floral

En mi camisón victoriano.

Tu boca se abre limpia

como la de un gato.

El cuadrado de la ventana

Blanquea y se traga

sus estrellas apagadas.

Y ahora lo intentás

Tu puñado de notas;

Las vocales claras

se elevan como globos.

Amante del humo, la gasolina, los químicos y preservantes. Quienes son amantes del "fitness", el gimnasio, las dietas y los maratones y cualquiera que abrigue escrúpulos de moralina, se encierre en sus 'tiquismiquis' de conciencia y provincialismos santurrones, deje de lado estos renglones ahora mismo.

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