enero 24, 2021

El día era de los más calurosos del año. Un sol de plomo caía sin piedad. Se diría que las llamas del infierno estaban de visita.

De pronto la niebla bajó de la montaña y apagó el sol como una mujer que apaga la vela con un soplo.

Hacía mucho frío. Bramaba la cellisca; la neblina hacía del mundo un gris fantasma.

De pronto asomó el sol entre la bruma, y un grato calorcillo hizo que la tierra se desperezara igual que gata satisfecha.

Así la vida. Cuando en la nuestra hay niebla nos manda sol.

Y cuando por el sol olvidamos que hay neblinas nos envía la bruma.

En esta vida hay sol y niebla. Hay que vivir los días brumosos igual que vivimos los de sol.

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