Por cada lápiz que tenga, el escritor debe tener dos borradores.

Un buen texto es lo que queda después de borrar bien.

Más que saber escribir, es necesario saber borrar.

Un mal escritor no es otra cosa que un mal borrador.

De lo que hemos escrito nos arrepentiremos muchas veces; de lo que hemos borrado, nunca.

La punta del lápiz es muy dura, el borrador muy suave. El que escribe ha de ser al revés: suave al escribir; duro al borrar.

Hay quienes buscan un maestro que les enseñe a escribir. Mejor sería hallar a uno que les enseñara a borrar.

Deberíamos saber borrar como Dios, con la fuerza del Diluvio Universal.

Ahora vengo. Voy a buscar un borrador.

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