Este hombre no tiene a veces qué comer, y algunos días no puede llevar comida a su joven esposa, que lo espera en un departamento miserable de la calle Sexta en Nueva York.

Es aspirante a actor este hombre, aunque tiene ya 34 años de edad. Hallar empleo se le dificulta, pues en esa época los actores deben ser guapos, y él no lo es. Bajo de estatura, nada musculoso, tiene un gesto duro, y cuando sonríe su sonrisa tiene algo de siniestra por causa de una operación mal hecha que sufrió de niño para sacarle una astilla que se clavó en el labio.

A fin de conseguir unas monedas este hombre juega partidas de ajedrez apostando 50 centavos en cada una. Gana siempre, porque es un ajedrecista extraordinario.

Este hombre se llama Humphrey Bogart.

El inmortal «Bogey» del cine.

Lo admiro por haber sido un gran actor. Y siento la tentación de admirarlo aún más por haber sido un gran ajedrecista.

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