octubre 17, 2021

En el parque el niño dio impulso a su aro, y éste salió rodando tan aprisa que se perdió de vista antes de que el pequeño pudiera alcanzarlo.

Lloró el niño por la pérdida de su aro, y ese recuerdo le quedó como uno de los más tristes de su infancia.

Creció el niño y se hizo hombre. Creció más el hombre y se hizo anciano. Una tarde estaba en aquel mismo parque cuando un aro llegó rodando quién sabe de dónde y le cayó a los pies.

El anciano lo recogió. Era -lo recordaba perfectamente- el mismo aro que había perdido cuando niño.

Me intriga mucho este sucedido. Aquel aro ¿había dado la vuelta al mundo hasta llegar al mismo lugar del que partió?

¿Alguien se había quedado con él, y ahora, arrepentido después de muchos años, lo devolvía a su dueño?

No lo sé. Todo puede suceder en los relatos donde intervienen un aro, un niño y un anciano.

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