Se necesitan muchos años para aprender a ser niño.

Mucho tiempo se necesita para saber vivir en una continua niñez que no se cuida de contar los años, y que nos hace mantener el asombro, el entusiasmo y la curiosidad, dones de niño que se pierden con la llegada de la edad adulta, cuando por ganar la vida nos olvidamos de vivirla.

«¡Parecés niño!»… Feliz aquel que oiga eso.

La frase pretende ser reproche, y es, sin embargo, el mejor cumplido que un hombre puede oír, pues significa que no ha perdido la claridad del alma.

Yo aspiro a que me digan que parezco niño. Me gustaría merecer esa alabanza.

Nunca se es demasiado viejo para tener una niñez feliz.

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