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Daniel Ulibarri

Amortiguadores

Don Martiriano y su mujer, doña Jodoncia, fueron aquella noche al parque. En una banca un joven y su novia hablaban. Le dijo doña Jodoncia a su marido: «Parece que el muchacho le va a proponer matrimonio a la chica. Tosé, para que se dé cuenta de nuestra presencia«. «¡Ah no! -protestó don Martiriano-. ¡Que se joda! ¡A mí nadie me tosió!«

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El cliente preguntó en la agencia de viajes: «¿Cuánto me costaría pasar tres días en Las Vegas con mi esposa?«. El encargado le hizo varias preguntas y luego le informó el costo del viaje para dos. «Es demasiado -objetó el hombre-. ¿Y si voy yo solo?«. Respondió el de la agencia: «Calcule el triple«

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Conozcamos a Capronio. Es un sujeto ruin y desconsiderado. Su esposa le comentó: «¡Qué buenos chistes contaste anoche! ¡Mi mamá casi se muere de la risa!«. Respondió con enojo el majadero: «Cómo no me lo dijiste. Habría contado otros mejores«.

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En el consultorio médico la curvilínea fémina procedió a vestirse y le dijo al facultativo: «Lo encontré muy bien, doctor. ¿Cuándo quiere que le programe mi próxima visita?«.

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La rica pero feísima heredera le preguntó a su engominado novio: «¿Estás seguro, Avidio, de que no me querés nada más por mis millones?«. «Segurísimo -respondió el chulesco tipo-. Pero ya que tocaste el tema, decime: ¿cuántos tenés?«.

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El reverendo Rocko Fages, pastor de la Iglesia de la Quinta Venida -no confundir con la Iglesia de la Quinta Avenida, que permite el adulterio a sus adeptos a condición de que después de consumarlo se pongan gel antibacterial-, le dijo a un colega: «Nuestra iglesia ha tenido un gran éxito. Se basa en los diez mandamientos, pero les permitimos a los fieles que cumplan nada más cinco, a escoger«.

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Ante el doctor Duerf, psiquiatra, la mujer le gritó a su marido: «¡Contestá, estúpido; parecés un gato entumido! ¡El doctor te está preguntando a qué pensás que se debe tu complejo de inferioridad!«.

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«¿Quinientos colones cada tomate? -le dijo, indignado, el señor al verdulero-. ¡Métaselo ya sabe dónde!«. «Imposible -respondió impertérrito el sujeto-. Ya otro cliente me dijo antes que usted que me metiera ahí mismo un pepino de 200 pesos«.

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A los cuatro meses de la boda la esposa del joven Simpliciano dio a luz un robusto bebé. Algo escamado le dijo el novel marido a su mujer: «He oído que los bebés se tienen a los nueve meses«. «No lo sabía -contestó ella-, pero si así lo preferís, en los próximos bebés que tengamos me tardaré ese tiempo«.

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Un individuo se plantó en medio de la atestada cantina y se dirigió en alta voz a los presentes: «Quiero saber si hay aquí un hombre que tenga los huevos más grandes que yo«. De inmediato se levantó de su mesa un fortachón. Contestó, retador: «Yo de fijo«. Le dijo el otro, entonces, mostrándole una prenda: «¿Me compra estos calzones? A mí me quedaron grandes».

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La señora le contó a su marido al tiempo que le señalaba a un ebrio que iba por la calle: «¿Ves a ese hombre? Se la ha pasado bebiendo desde el día en que rechacé su propuesta de matrimonio«. Exclamó con asombro el esposo: «¿Todo ese tiempo ha estado festejando?«.

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Una pulguita le preguntó a otra: «¿Vos creés que haya vida en otros perros?«.

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Doña Panoplia de Altopedo, dama de buena sociedad, les narraba a sus amistades en la cena las experiencias de su viaje por Europa. «En Italia -relató- fuimos a una ciudad que en italiano se llama Temeo«. Su esposo la corrigió: «Torino, mujer; Torino«.

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La exuberante penitente le dijo a su confesor: «Acúsome, padre, de que cuando veo a un hombre de sotana me asalta la insana tentación de hacer el amor con él tres veces seguidas«. «Tendrás que ir a otra parroquia, hija -suspiró el presbítero-. Yo no te las completo«.


Amante del humo, la gasolina, los químicos y preservantes. Quienes son amantes del "fitness", el gimnasio, las dietas y los maratones y cualquiera que abrigue escrúpulos de moralina, se encierre en sus 'tiquismiquis' de conciencia y provincialismos santurrones, deje de lado estos renglones ahora mismo.

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