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Daniel Ulibarri

Amortiguadores

Noche de bodas. Ya en el tálamo la recién casada le hizo una caricia atrevida a su flamante maridito. El muchacho era cándido, inocente; nada sabía de las cosas de la vida, pues su mamá lo había criado en una burbuja de cristal. Y de cristal opaco, para colmo. No se cuidó la señora de instruir a su hijo sobre las realidades ínsitas a la condición matrimonial. Por lo tanto Chunito -así se llamaba el boquirrubio- llegó al matrimonio in albis, esto es decir en calidad de serafín o ángel, ignorante por completo de todo lo concerniente al sexo y al ejercicio de la sexualidad. Debo aclarar que esto que narro sucedió hace mucho tiempo. En la actualidad ese tema es del dominio público, y en muchos casos las parejas de novios tienen sexo, por lo menos hasta que se casan. Vuelvo a mi historia. Chunito se sobresaltó al sentir en la bragadura la mano de su esposa. Le preguntó azorado: “¿Qué hacés?“. Respondió ella respirando con agitación: “¡Quiero tener un hijo!“. Chunito se enojó: “¿Y acaso creés que ahí traigo a la cigüeña?“.

Don Moneto, exito