octubre 22, 2021

Desde mi cama, por la ventana de la casa campesina, veo la huerta arrellanada en la penumbra del amanecer.

Los manzanos entregaron ya su último fruto, y sus hojas empiezan a pintarse de color sepia, pues se disponen a salir en el retrato del otoño.

Sobre la loma, al otro lado del arroyo, el caserío es como un barco inmóvil en el quieto horizonte de la noche.

La ropa tendida se agita en el aire recién creado y finge los gallardetes de la nave.

Se vuelve claro el cielo. Miro los campos en reposo: cumplida la faena se echan a descansar igual que un manso perro.

Termina de bañarse la mañana, y sale goteando de rocío. En la copa del pino se vierte el primer rayo de sol.

El Universo esparce una indulgencia plenaria sobre el mundo.

Entra por la ventana su indulgencia y se me acuesta encima como una amable amante que me poseyera, húmeda de amor.

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