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Daniel Ulibarri

Almas habitadas

Las casas tienen alma, digo yo.

Hace ya un año que no voy a la del Potrero.

Temo llevar al rancho el virus; por eso he dejado de ir.

Me llegan los decires de quienes cuidan la casona.

Entran en las habitaciones y les parece oír que los muebles se quejan de su soledad.