Aquel acróbata francés cruzó varias veces sobre las cataratas del Niágara caminando por un alambre.

Lo hizo con los ojos vendados, con los pies atados por cadenas, y llevando a otro individuo en los hombros. En cierta ocasión puso en equilibrio en el alambre una mesa y una silla, y disfrutó tranquilamente ahí una comida con champaña.

Cierto día resbaló en el baño de su casa, se desnucó y murió.

En términos de lo racional alguien podría decir que es más peligroso caminar en el baño de la casa que en un alambre sobre las cataratas del Niágara.

Lo razonable, sin embargo, nos enseña lo contrario.

No seamos racionales.

Eso sirve para las abstracciones.

Seamos más bien razonables.

Eso sirve para la vida.

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