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Daniel Ulibarri

A falta de pan

No había pan en el convento, ni había agua.

La falta de pan se debía a la hambruna que sobre la comarca se abatió. Faltaba el agua porque el pozo del huerto se secó.

Al ver la angustia de sus hermanos, su hambre y sed, San José hizo un milagro. Movió la mano; el pozo volvió a dar su linfa, fresca y cristalina, y en la cocina apareció un pan para cada uno de los monjes.

Uno le preguntó al frailecito:

Ya que obraste ese milagro ¿por qué no hiciste también que aparecieran en nuestra mesa lechones y faisanes, pasteles y compotas, quesos y vinos de alta calidad?

Respondió San José:

El pan nuestro de cada día es un milagro, igual que la hermana agua. No pidamos más milagros que ésos.

 

Amante del humo, la gasolina, los químicos y preservantes. Quienes son amantes del "fitness", el gimnasio, las dietas y los maratones y cualquiera que abrigue escrúpulos de moralina, se encierre en sus 'tiquismiquis' de conciencia y provincialismos santurrones, deje de lado estos renglones ahora mismo.

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